En las últimas semanas, el PRD
ha protagonizado una serie de episodios de batallas internas que han hecho
tambalear su estructura.
Un cuestionado proceso de
elección ha hecho que el partido sea el último en designar su candidato para
los comicios a gobernador en el Estado de México, que se celebrarán el próximo
4 de junio y que según algunos analistas pueden marcar el signo de las presidenciales
de 2018.
Poco antes de que el PRD
desvele quién será su apuesta, el precandidato Eduardo Neri anunció hoy su
renuncia al partido porque, según afirmó, las encuestas que se han tomado en
cuenta para esta decisión están manipuladas.
En tanto, en el Senado el
grupo parlamentario se encuentra oficialmente descabezado después de que Miguel
Barbosa renunciara a su cargo como coordinador tras expresar su apoyo al
experredista López Obrador, ahora líder del Movimiento Regeneración Nacional
(Morena), para las elecciones presidenciales.
"El PRD siempre ha sido
un partido de caudillos (...) y se quedó sin una figura que lo
cohesionara", afirma Berrueto.
Tras Cárdenas y López Obrador,
quien abandonó la agrupación tras perder las elecciones de 2012 frente al
actual presidente, Enrique Peña Nieto, el PRD carece de un "líder
emblemático".
El experto considera que
"pudo haber sido el jefe de Gobierno (de la Ciudad de México) Miguel Ángel
Mancera, pero (éste) calculó que le iba mejor como ciudadano que como perredista,
aunque el PRD lo haya llevado al poder".
El llamamiento que la semana
pasada hizo López Obrador a la presidenta del PRD, Alejandra Barrales, para que
"dé el paso" y los de esa formación se unan a Morena materializa la
incertidumbre que se respira sobre el futuro del partido, en la que no faltan
quienes auguran una posible desaparición.
Todo depende, valora Berrueto,
de a quién decidan acercarse de cara a los próximos comicios presidenciales.
Si se alían a López Obrador,
quien impondría sus condiciones por ser el jugador con las cartas más fuertes,
independientemente de que gane o pierda "le vendrían momentos muy
difíciles al PRD", apunta.
En caso de que Morena gane, la
"presión para su desaparición (del PRD) sería altísima", aunque si
perdiera, el perredismo contaría con más opciones de "continuar".
Otro escenario sería
establecer una alianza con el conservador Partido Acción Nacional (PAN), como
ha hecho en otros comicios. Si esta unión resultara victoriosa, "el PRD
tendría muchas posibilidades de reconstruirse", afirma el analista.
La aproximación de nombres del
PRD a Morena se explica porque, en primer lugar, "su principal atractivo
es que (López Obrador) es un candidato que tiene posibilidades de
triunfo".
Además, señala Berrueto, el
nombre de López Obrador para muchos es sinónimo de "honestidad", lo
cual es especialmente relevante porque "la corrupción es la principal
debilidad de todos los partidos políticos" en el país.
A finales de la década de los
80, el PRD nació como una coalición de partidos políticos de izquierda y otras
corrientes sociales.
"Surge como una vía para
una lucha muy válida por la democracia en su momento con Cuauhtémoc Cárdenas y
logra sin duda un cambio, pero no se consolida como un proyecto como tal",
argumenta el investigador político Ulises Flores.
El partido falló en su oportunidad
de crear una representación de izquierda que respondiera a las necesidades
concretas que tiene México, y ahora "parece prácticamente" que no hay
"izquierda en el país".
Actualmente, "si eres de
izquierda, prácticamente o eres de Morena o eres independiente", considera
el analista, para quien el PRD ha quedado reducido a un rol que consiste en
"siempre estar negociando" y cediendo sus votos de cara a las
propuestas de los otros partidos.
Para Flores, el PRD se
mantendrá con vida hasta las elecciones presidenciales, pero no más allá porque
"lo están dejando hecho pedazos".
"La verdad es que veo que
el último que salga va a apagar la luz", concluye.
