La obra cumbre del filósofo florentino Nicolás Maquiavelo es un punto
de partida obligado cuando se quiere estudiar la política del mundo, aún la
actual
México, DF. “Queriendo presentar
yo mismo a Vuestra Magnificencia alguna ofrenda que pudiera probarle todo mi
rendimiento para con ella, no he hallado, entre las cosas que poseo, ninguna
que me sea más querida y de que haga yo más caso, que mi conocimiento de la
conducta de los mayores estadistas que han existido. No he podido adquirir este
conocimiento más que con una dilatada experiencia de las horrendas vicisitudes
políticas de nuestra edad, y por medio de una continuada lectura de las
antiguas historias”.
Con palabras como éstas,
dirigidas a Lorenzo de Médici, Nicolás Maquiavelo presentó El Príncipe, un
libro que terminó de escribir hace 500 años, en diciembre de 1513, sin saber
aún que sería su obra cumbre y un tratado de ciencia política que se estudiaría
y analizaría durante los siguientes cinco siglos por millones de personas en el
mundo entero.
Nacido en Florencia, el 3 de mayo
de 1469, hijo del abogado Bernardo Machiavelli y de Bartolomea Di Stefano
Nelli, Maquiavelo creció una familia humilde a causa de los problemas
económicos de su padre pero donde había un alto nivel de cultura. Así fue que
llegó a convertirse en escritor, filósofo político, funcionario público y
diplomático.
En su vida adulta, Maquiavelo no
vivió una época sencilla; en los primeros años del siglo XVI, los sectores
populares de Florencia habían procurado reformar las leyes para consolidar su
poder, inspirándose en Venecia, y Maquiavelo simpatizaba con ellos; sin
embargo, los sectores aristocráticos se agruparon alrededor de los Médici, de
modo que el gobierno popular florentino fue derrotado en 1512 y el filósofo y
escritor fue apresado por “conspiración”, aunque luego se comprobó la falsedad
de estos cargos.
Tras las rejas, se inspiró para
escribir El Príncipe, también bautizada por el propio Maquiavelo como De
Principatibus (De los principados), que muchos consideraron, por la
dedicatoria, como una respuesta a las acusaciones de conspiración contra los
Médici que pesaban en su contra y que fue publicada hasta 1531, cuatro años
después de la muerte del filósofo.
El Príncipe consta de 26 capítulos, titulados en latín, en los que
Maquiavelo deja establecidas algunas reglas y sugerencias para un manejo
efectivo del Estado por parte de los gobernantes. Algunos consideran que sus
consejos eran para aplicar “mano de hierro a los gobernados”, para establecer
una tiranía en que todo funcionara bajo el principio de que el fin justifica
los medios; de ahí que el adjetivo “maquiavélico” tenga una connotación
negativa. Sin embargo, hay quien también encuentra en esta obra un excelente
manual de estrategia militar, una base para la real politik e incluso vínculos
con otros filósofos como Karl Marx.
Lo cierto es que las bases
establecidas por El Príncipe, concebido a la luz de los hechos y pensamientos
de personajes como Cicerón, Darío y Alejandro, siguen siendo hoy punto de
partida para estudiar muchas de las medidas que toman los gobernantes del
mundo.
Por ejemplo, el sociólogo alemán
Ulrich Beck, publicó en el diario francés Le Monde un artículo titulado “Angela
Merkel, nuevo Maquiavelo”, donde dice que “cuando se plantea el tema de saber
de dónde saca Angele Merkel tanto poder, es imposible no remitirse a una de las
características que definen su manera de proceder: una habilidad maquiavélica”.
Y es que Maquiavelo escribió
normas fácilmente entendibles a la luz de la política actual. Por ejemplo,
sobre el Estado y su conducción dijo: “Un príncipe también adquiere prestigio
siendo un verdadero amigo o un verdadero enemigo, esto es, revelándose a sí
mismo sin reservas a favor de un lado contra otro. Esta política siempre es más
ventajosa que la neutralidad”.
Respecto al liderazgo, asentó,
“César Borgia era tildado como cruel; no obstante, su crueldad reformó la
Romaña, trajo unidad y restauró el orden y la obediencia, porque la firmeza
debe ser inflingida de una vez y para siempre, los beneficios deben ser
concedidos poco a poco, gradualmente”.
En cuanto a los colaboradores que
debe tener un gobernante, dijo: “La primera opinión que se forma sobre la
inteligencia de un gobernante se basa en la calidad de los hombres que se
encuentran a su alrededor. Cuando son competentes y leales, él siempre será
considerado sabio”.
Por sugerencias como éstas, entre
muchas otras, El Príncipe sigue siendo considerado vigente en la actualidad.
Ese mismo libro por el que Maquiavelo recibió dos botellas de vino de parte de
Lorenzo de Médici, a modo de reconocimiento.
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