Los usos y costumbres de la
política mexicana, la cultura política del sistema neoliberal, privan en el
ejercicio cotidiano de toda la clase política, aunque de la que dice que “no
somos iguales” porque “estamos haciendo un cambio de régimen no solo de
gobierno” pero mimetizan las acciones, dichos, discursos y actitudes que según
ellos deben cambiar con esta transformación que se está realizando en el país.
En la cultura política
tradicional del sistema que se busca cambiar, durante décadas ha sido común que
los senadores de los estados sean marionetas de los gobernadores en turno,
respondan a los intereses de su jefe político, incluso que lo defiendan ante
acusaciones de otros grupos políticos o adversarios internos, aunque existan
evidencias que incrimen al ejecutivo estatal, cuando su labor es ser garantes
del pacto federal y la defensa de los intereses colectivos de su entidad, no la
de su patrón.
Con los diputados de las
entidades pasa lo mismo, en lugar de representar de la mejor forma los
intereses de la población de sus distritos, son peleles del ejecutivo estatal y
municipal en el mejor de los casos, los defienden de los señalamientos públicos
de actuaciones irregulares u omisiones de sus responsabilidades más básicas
como la de garantizar la seguridad a los ciudadanos.
Esa actitud de subordinación
de los legisladores, con sus excepciones, ante los ejecutivos, hace ver a este
poder como irrelevante, sumiso ante el otro poder y por ello ante la opinión
pública son reprobados por los ciudadanos.
Por esto, ha sido tradición en
los medios de comunicación de que las noticias generalmente salen o vienen del
poder ejecutivo en turno, en cualquiera de sus 3 niveles de gobierno, y los
legisladores locales o federales solo sean un accesorio más del gobierno.
Cuatro décadas de trabajo
periodístico viendo la actuación de los actores políticos, nos lleva a concluir
que el poder legislativo no se da su lugar, acepta la subordinación ante el
ejecutivo como norma, como disciplina política, de que los ponen para servir al
otro, no para servir a sus representados y a la Nación, porque los intereses de
grupo y personales son primero, no los de la Patria.
Y los ejemplos sobran de las
legislaturas de los gobiernos neoliberales, pero también ahora del gobierno de
la Cuarta Transformación, donde ante acusaciones de la oposición actual, débil
y desorganizada, los legisladores corean el nombre de su patrón, en lugar de
verter argumentos sólidos y precisos contra los señalamientos qué, salvo
excepciones de unos, pocos lo hacen.
Cuando una ley quiere ser
aprobada, los legisladores de la coalición del gobierno son llamados a Palacio
Nacional para recibir instrucciones, lo mismo que hacía el partido único, con
la diferencia de que solo bastaba que sus coordinadores recibieran las órdenes
del presidente para que el rebaño acatará las instrucciones votando como se los
ordenaba.
La inercia continúa, no hay
autonomía entre poderes, los rebaños simplemente cambian de color, donde pocos
son los que se salen del guion y hay sus excepciones, pero, aunque las
merezcan, no aceptan críticas de los opositores en turno y no lo hacen con
argumentos sino demostrando su sumisión ante el otro poder.
Y eso que “no somos iguales”
que “estamos transformando al régimen” pero con los mismos usos y costumbres de
antaño.
MORELOS, UN BALÓN
La entidad que lleva el nombre
del generalísimo es ejemplo de la podredumbre de la política mexicana, donde
para ganar una elección se utilizó la fama y el nombre de un deportista sin
considerar si cumplía con el perfil político y de conocimientos necesarios para
gobernar y sacar de su atraso y sus problemas que afronta la población de ese
estado.
La popularidad no es sinónimo
de eficiencia y eficacia en el desempeño institucional de un cargo, como
tampoco la honestidad es garantía de buen desempeño en un encargo cuyas
funciones se desconocen. Y los hechos lo demuestran, Morelos está convertido en
un balón que rueda a la deriva donde la delincuencia golea al gobernante y hace
de la entidad un santuario del crimen.
Pero, aun así, pese a los
hechos delictivos que las estadísticas marcan, datos duros que nadie puede
negar, hay legisladores que afirman que en la entidad todos son felices, puros
abrazos reciben de la delincuencia que ya decidió tratar mejor a los
habitantes.
Lo cierto es que, ante la
ineptitud de Cuauhtémoc Blanco, la delincuencia sigue creciendo y asesinaron al
director de la policía de la capital de Morelos y el futbolista se hace el
occiso ante tal situación y pide ayuda federal, la sumisión también se da entre
los tres niveles de gobierno, porque no tiene la menor idea de qué hacer, no es
lo mismo meter goles que ser goleados por el crimen.
Por si fuera poco, los
feligreses de la aún mayoritaria iglesia católica, el gobierno impulsa a los
evangélicos para que sean los primeros en el país, ya no tendrán misas
nocturnas ante la inseguridad que se vive en Morelos, por lo que tendrán que
acudir por la tarde, antes de anochecer, a los servicios litúrgicos
acostumbrados, para que no sean víctimas de la delincuencia.
Así están muchos estados:
Veracruz, Tabasco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Guanajuato y los
demás donde la Guardia Nacional y sus policías locales son simplemente un
adorno de los gobiernos federal y estatal.
Como diría el Choco
Tabasqueño: “ya déjense de pendejadas y cumplan con sus responsabilidades de
gobernantes para lo cual los elegimos, no para hacer negocios y triquiñuelas”.
IMPEACHMENT
De Estados Unidos copiamos su
nombre, ellos son de “América”, nosotros somos “Mexicanos” y en el transcurso
de la historia los seguimos teniendo como ejemplo en algunas políticas,
actividades y acciones públicas.
Peña Nieto que por el miedo propio
de los del grupo Atlacomulco, posicionó a Trump al invitarlo y darle trato de
Jefe de Estado cuando no lo era y estaba abajo en las encuestas, ahora lo verá
sujeto al Impeachment por utilizar la presidencia para sus intereses
electorales no los de su Nación, copió a los mexicanos, y ser enjuiciado por
presionar a Ucrania para investigar a quien será su principal opositor en la
reelección que busca.
La mayoría demócrata le
recordó que en Estados Unidos nadie está por encima de la ley y que
precisamente los fundadores de la Nación norteamericana dejaron desde entonces
esta figura jurídica para enjuiciar a quien utilice su cargo de manera corrupta
o peligrosa para los intereses de la propia nación del norte.
Trump es señalado de usar los
poderes de su oficina para solicitar la injerencia extranjera en su nombre en
las elecciones de 2020, como lo hizo con los rusos en el 2016 y que quiso
derivar de que fue Ucrania la que intervino.
Trump buscaba que las
autoridades ucranianas investigaran al precandidato demócrata Joe Biden y a su
hijo Hunter Biden por supuesta corrupción en sus negocios en Ucrania, como
condición para los apoyos que recibe de Estados Unidos esa nación.
Esta semana comienza el
proceso y veremos si los senadores republicanos ven primero por su Nación o por
Trump y negocios.
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uliseshj@hotmail.com

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