Durante su mañanera del pasado
9 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador aseguró que la deuda externa de
México no aumentará este año, “porque la clave está en acabar con la
corrupción. Mintió. La deuda – de acuerdo a cifras oficiales-, repuntó e inclusive
alcanzó un saldo histórico.
Pocos días después, el 20 de
septiembre, AMLO afirmó que la inversión extranjera había crecido “como nunca
en la historia de México”. Mintió. La IED (Inversión Extranjera Directa),
durante el Gobierno de López Obrador, ha registrado los niveles más bajos de
los últimos 6 años.
La economía sigue sin crecer:
0 por ciento durante el segundo trimestre del año. (Fuente: INEGI).
La inversión fija bruta, hasta
julio pasado, se desplomó en 9.1 por ciento, en comparación al mismo mes de
2018. (Fuente: INEGI).
Y durante agosto, solamente se
crearon 36 mil 361 empleos en la economía formal, la cifra más baja para ese
mes desde 2009. (Fuente: IMSS).
Bajo este panorama económico
poco alentador, la advertencia del Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, nos
pone en alerta:
“Debemos estar preparados
(para una recesión económica)”.
¿Hay factores externos que
influirían en una posible recesión? Cierto. Hay volatilidad en los mercados
internacionales y condiciones poco favorables, señalan expertos.
Empero, influyen mucho más las
pésimas decisiones del Gobierno de AMLO en materia económico-financiera:
cancelación del NAIM Texcoco, nula inversión pública (con cálculo político
porque no es año de elecciones), cero apoyo a las pequeñas y medianas empresas,
ausente una política de fomento al empleo y a la productividad, y regalar
dinero público a jóvenes (con fines electorales), entre otros factores.
Sigamos discutiendo
banalidades y cerrando los ojos ante lo que verdaderamente nos debe preocupar y
ocupar: la economía estancada que enfrentamos, producto de las malas decisiones
financieras de la mal llamada Cuarta Transformación.
*****
México es uno de los 10 países
con mayor deuda externa en el mundo. Un problema – cierto – heredado principalmente
por las pésimas gestiones económico – financieras de los gobiernos priistas
(López Portillo y Salinas de Gortari, como ejemplos). Con la llegada de AMLO a
la Presidencia, una de sus banderas de campaña fue, precisamente, no endeudar
aún más al país. Propios y extraños aplaudieron el anuncio.
Sin embargo, esta promesa no
se cumplió.
De acuerdo al Banco de México
(Banxico), el saldo del endeudamiento externo bruto del país, se elevó en 9 mil
519 millones de dólares tan sólo en el primer trimestre del 2019, para alcanzar
una cifra sin precedente de 456 mil 251 millones. Un nivel histórico de deuda
con López Obrador.
“El endeudamiento externo de
México retoma su comportamiento de alza en el arranque del 2019, dentro de un
contexto de preocupaciones y dudas por la disponibilidad de recursos para el
financiamiento de los programas del Gobierno del Presidente Andrés Manuel López
Obrador, y de sus posibles implicaciones sobre la calificación de la deuda
soberana del país, en particular, de la referida a Pemex”. (Esteban Rojas. El
Financiero. 22/Julio/2019).
Se dispara la deuda, mientras
la inversión extranjera se desploma.
A pesar de que AMLO ha
insistido desde su I Informe de Gobierno que la IED “ha crecido como nunca en
la historia de México”, las cifras demuestran lo contrario.
Con base en cifras de la
Secretaría de Economía, la inversión extranjera en México se registra de la
siguiente manera:
2013: 31 mil 321 millones de
dólares.
2014: 20 mil 262 millones de
dólares.
2015: 19 mil 278 millones de
dólares.
2016: 18 mil 862 millones de
dólares.
2017: 18 mil 739 millones de
dólares.
2018: 22 mil 278 millones de
dólares.
2019: 18 mil 102 millones de
dólares.
¿De dónde sacó López Obrador
que la IED ha sido, durante su Gobierno, la más alta en la historia de México
si, como demuestran las cifras de su propia administración, observa el nivel
más bajo desde 2013?
Podrían decir en el Gobierno:
es que 2019 todavía no ha concluido. Falta contabilizar el cierre del año. De
acuerdo.
Entonces, el Presidente
todavía no podría proclamar – como lo hizo en su Informe de Gobierno-, una
“cifra histórica” en inversión extranjera, si aún no cuenta con las cifras
completas y suficientes para declararlo, tal como lo hizo.
Aún así, con las cifras
incompletas, se perfila imposible superar la cifra de 31 mil 321 millones de
dólares de 2013, de acuerdo al ritmo captado en lo que va de este año. Vamos, a
lo que podría aspirar el primer año de AMLO, es a empatar los niveles registrados
en 2016 y 2017.
La deuda externa se incrementa
– esa sí – en niveles históricos.
La inversión extranjera se
mantuvo en sus niveles más bajos.
Allí están las cifras
oficiales. Irrebatibles. Contundentes.
Lo demás, son simples cacareos
políticos.
******
¡Es la economía, estúpido…!,
reza la frase atribuida a Bill Clinton durante su campaña electoral que sirvió
de punta de lanza para derrotar a George Bush padre. Los norteamericanos
entendieron el mensaje del candidato demócrata en contra del republicano y
analizaron el comportamiento económico del Gobierno y los magros resultados
obtenidos. El resultado: la victoria de Clinton, quien es bien recordado como
uno de los presidentes que mejor rindieron cuentas financieras en EU.
¡Es la economía, estúpido…!,
es una frase severa, pero cierta.
Y en México, el pobre
comportamiento de nuestra economía debería estar sometido a un análisis más
riguroso. Se trata, nada menos, que de nuestros bolsillos.
Porque si no nos importa la
economía, entonces no nos importa el país.
Veamos el bosque y no las
ramas con frasecitas chabacanas salidas de Palacio Nacional que sólo sirven de
distractor.
La economía mexicana está
prácticamente paralizada. Esa es la realidad.

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