Se cumplen cuatro años de la desaparición de los normalistas
de Ayotzinapa y la mafia que conformó el “Pacto por México” hizo caso omiso a
los reclamos de sus padres y dejó en el olvido el destino de quienes ahora
serían maestros rurales graduados al servicio de la educación de sus
comunidades, pero que no pudieron estar presentes en la ceremonia de graduación
porque faltan 43.
El 26 de septiembre es el fatídico día en que los
estudiantes de la Normal de Ayotzinapa tomaron camiones de transporte en Iguala
para movilizarse para el boteo de las actividades del 2 de octubre, pero la
delincuencia organizada que gobierna el país vio afectado sus intereses y con
la policía a su servicio, los desapareció, con la complacencia de los militares
destacados en la zona.
El gobierno construyó su verdad, de la que existen pocas
pruebas para sostenerla y en cambio existen otras muchas que hablan de otros
actores involucrados que son intocados por el Estado.
Un siglo después de que la Revolución se institucionalizaba
con la Constitución de 1917, que el país daba pasos a pacificar la Nación y
evitar los brotes regionales y locales de acciones contra el gobierno, lo que
se logró con la creación del PNR en 1929, vuelve a replicarse, pero ahora por
acción de la delincuencia organizada.
En estos sexenios del PRI y el PAN, la inseguridad y la
violencia se desataron de manera tangencial en el país que lo único que
gobiernan los ejecutivos, son sus oficinas y sus pléyades de aduladores
oficiales, porque las calles de las ciudades, los espacios públicos y zonas
económicas importantes están en manos del crimen de manga corta y de cuello
blanco.
El “Pacto por México” fue el pacto de impunidad que los
partidos firmantes hicieron para dejarse vía libre al gobierno discrecional de
sus huestes en las regiones del país y por ello creció el número de ejecutados
y desaparecidos en todos los rincones de la república, que suman miles, entre
ellos los normalistas de Ayotzinapa.
El presidente electo se reunirá con los padres de los
normalistas a cuatro años de su desaparición con la intención de que se conozca
la verdad de lo sucedido con este grupo de estudiantes, que en un país
aparentemente con un sistema democrático de gobierno, se esfumaron a la vista
de las fuerzas del Estado y la dependencia procuradora de justicia inventa su
historia y no da con los responsables para que los administradores de justicia
los castiguen.
¿Se acabará el México de la simulación? Con un Sistema
Nacional Anticorrupción más de foto que para su vigencia plena en nuestra
sociedad. ¿Tendremos fiscales autónomos e independientes para procurar justicia
en el país?
¿Los cambios que demanda la Nación se reflejarán en el Poder
Judicial comandado por familias que han hecho de la justicia su modus vivendi?
Para que la administración de justicia sea imparcial y expedita y no sujeta al
mejor postor económico.
Los de Ayotzinapa y miles de familias de desaparecidos, como
de ejecutados en el país, demandan justicia, ¿la habrá en la próxima
administración federal, homologada mágicamente por las instancias estatales y
municipales? Porque muchos de los que llegan de guinda, tienen antecedentes de
otros colores maleados.
PORQUE PROTEGER A PERIODISTAS
El periodista es el investigador de la sociedad, el que le
informa a los ciudadanos de un país lo que ocurre en su entorno, que levanta
sus demandas para que sean atendidas por la autoridad, el que le dice quiénes
son y si cumplen los gobernantes con el mandato que en las urnas les dieron los
votantes, y de la situación que guardan las instituciones del Estado que deben
ser garantes de los derechos de todos y de las políticas para lograrlo.
Como actores al servicio de la sociedad en su conjunto, los
periodistas y los medios de comunicación somos la herramienta para garantizar
la libertad de expresión y el derecho a la información de todos los mexicanos,
independientemente de la acción de otros entes públicos o privados realicen.
Sin embargo, se quiere callar la verdad asesinando a
periodistas en todos los rincones del país, que han convertido a México en el
primer lugar de los países de América, más peligroso para el ejercicio del
periodismo que en lo que va del siglo le costado la vida a más de un centenar
de colegas y solo en este sexenio del de Atlacomulco, 51 comunicadores han sido
ejecutados, 12 de ellos en lo que va de 2018. El último hace unos días en
Chiapas.
Ciertamente la seguridad debe de ser garantizada para todos
los mexicanos en su vida y patrimonio, algo que los gobiernos en este siglo no
han podido ni querido cumplir, porque las estadísticas de diversas organizaciones
señalan que en México el 70% de los contenidos periodísticos son censurados por
los gobernantes del país, de los tres niveles; porque el 40% de las agresiones
a comunicadores y medios son de parte de políticos y funcionarios, de los
cuerpos policíacos y después de grupos criminales del país.
Por eso colegas en Guerrero que salen a la cobertura de
hechos noticiosos en tan convulsionado estado comentan que deben hacerlo en
grupo, estar todo el tiempo comunicados desde que salen hasta que regresan al
punto de salida, porque “debemos cuidarnos de la autoridad y de los criminales,
cualquiera de ellos nos puede intentar asesinar o agredir de alguna forma”.
Aunque se instauró un mecanismo de protección para aquellos
periodistas que han sufrido algún tipo de agresión, en manos de la Secretaría
de Gobernación, este en los hechos no ha funcionado, porque se trata de una
mera simulación del gobierno, ya que muchos de ellos han sido asesinados con la
complacencia de la autoridad que prefiere una prensa callada y domesticada.
Por ello la necesidad de que los voceros de la sociedad, los
periodistas, cuenten con una Ley de Protección Integral a nivel federal que sea
homologada en cada una de las entidades del país, para que la verdad no sea
acallada por los intereses económicos y retrógrados de algunos sectores y se
garantice la libertad de expresión y el derecho a la información con una Ley de
Comunicación Social como política de Estado.
CONFLICTO DE LOS MEDIOS
La batalla por un México distinto apenas comienza con la
llegada de un Poder Legislativo con una nueva mayoría y con las políticas que
en su momento realizará el nuevo ejecutivo, acciones a la que los poderes
fácticos que han gozado de los privilegios del gobierno durante años se oponen,
por intereses particulares.
El maestro Sixto Moya invitado por la Fraternidad de
Reporteros de México, comentó que, frente al inevitable conflicto de los
medios, los periodistas debemos tomar posición y no asumir el problema de los
medios en sí, sino de las necesidades que la coyuntura demanda a los
periodistas resolver ante los cambios.
Son tiempos de definiciones que debemos tomar ante la falta
de una estrategia de comunicación de Estado que defina las políticas públicas que
deben implementarse para que los medios públicos y privados, sin menoscabo de
sus derechos, difundan el sentir de la sociedad y las acciones de los gobiernos
en el país.
Hasta ahora no se conoce que el próximo gobierno o su
mayoría legislativa estén por presentar una nueva Ley de Comunicación Social
que abrogue la Ley Chayote aprobada que estará vigente en enero, porque hay
indicios de que les conviene más que entre en vigor que quitarla para seguir
con la discrecionalidad publicitaria.
Por ello prefiere reunirse el nuevo gobierno con los dueños
de los grandes medios de comunicación y sus lectores de noticias privilegiados
por el presupuesto que con los reporteros del país.
Comentarios a uliseshj@hotmail.com

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