
QUINTANA ROO, México, 24 de febrero de 2018.-
Espeleólogos, arqueólogos y fotógrafos trabajan en una réplica virtual de la
fascinante cueva submarina Hoyo Negro en México, un tesoro arqueológico donde
se encontró el esqueleto más antiguo de América, perteneciente a una joven que
vivió hace 13.000 años y al que bautizaron Naia.
Los primeros avances de esta réplica tridimensional, cuyo
objetivo es de estudio, fueron presentados en la noche del miércoles en Ciudad
de México por el arqueólogo Alberto Nava, uno de los descubridores del sitio en
2007 al hacer un recorrido subacuático para cartografiar túneles.
Después de dos años de trabajo con diversas técnicas
fotográficas que incluyen “pintar con luces” sitios muy oscuros y tomas
multidimensionales, Nava tiene ya registrado en tercera dimensión el piso del
Hoyo Negro -que tiene 62 metros de diámetro y 55 de profundidad- y algunas
paredes.
“Algún día voy a tener una réplica completa”, dijo el
arqueólogo, que aún se maravilla al describir el agua cristalina y la profunda
oscuridad de la cueva, que tiene forma de una campana, y cuya ubicación el
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) guarda con recelo para
protegerla de saqueadores.
La comunidad científica se deslumbra con los hallazgos
dentro del Hoyo Negro, en el estado de Quintana Roo, que incluyen los restos de
42 animales del Pleistoceno Tardío, pertenecientes a 13 especies, siete de
ellas extintas.
Restos de tigres dientes de sable, perezosos gigantes de
más de cinco metros de altura, osos tremarctinos y un cánido parecido al lobo
sudamericano figuran entre los descubrimientos realizados en Hoyo Negro.
Esta gran oquedad inundada, considerada una de las diez
más importantes del mundo, forma parte a su vez de la mayor cueva del planeta,
de 347 km de largo, descubierta por el INAH en el marco de la investigación “En
busca de las fuentes de agua ancestrales” y que incluye otros dos sistemas de
cuevas, Sac Actun y Dos Ojos, que están unidas a Hoyo Negro.
En Sac Actun se encontraron “más de 200 cenotes”
(piscinas) con restos de “huesos de fauna extinta del Pleistoceno, como
gonfoterios (elefantes antiguos), perezosos gigantes y osos”, develaron
arqueólogos del INAH, que agregaron que sus restos arqueológicos tienen en su
mayoría “un grado de conservación asombroso” con una “extensa temporalidad de
más de 10.000 años”.
Hace 13.000 años, el nivel del mar era entre 80 y 100
metros más bajo que hoy día. En la era del hielo, los casquetes polares
acumulaban enormes masas de agua que luego formaron las cuevas por las que más
tarde bajarían los primeros habitantes de América y animales en busca de
refugio y agua. Muchos murieron atrapados en el fondo de la cueva, como Naia.
El esqueleto de Naia, nombrada en recuerdo a las náyades
de la mitología griega que cuidaban de los estanques en la antigüedad, ha sido
objeto de múltiples estudios.
De cara plana y boca pronunciada, Naia “corría mucho,
pero no hacía casi nada con los brazos (…) tuvo que tener una gran emergencia
para entrar en la cueva” donde murió hace 13.000 años, tal vez perdida en la
profunda oscuridad aunque seguramente conocía “los riesgos”.
“Naia es el esqueleto (de un panamericano, los primeros
hombres América) más completo encontrado”, dijo Chatters.
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