Me entristece
mucho.
No porque me
entristezcan las muertes, me gusta imaginar que a donde vayamos siempre será
algo mejor: la nada es mejor.
Me entristece porque no fui a verlo, porque por la
desidia o por el trabajo o por cualquier pretexto no fui a darle las gracias.
René dirigía el suplemento cultural El Búho, de
Excélsior. Miguel Ángel Dávila me llevó a presentarme con René, Miguel
participaba diseñando y formando el suplemento al lado de "El
Loquillo", el Diseñador oficial en aquellos tiempos de paste-ups, pegar
galeras de texto con cera, cortar las ilustraciones a navaja y mandar a la
cámara oscura de fotomecánica del diario, por a'i de 1989.
Entre los lunes de asignar trabajo y el miércoles de
formar el suplemento las reuniones con René eran fascinantes. Las de los lunes
en la oficina eran por demás interesantes por la presencia de celebridades que
desfilaban para entrevistarse con él y entregar su colaboración o sugerir algún
proyecto, lunes de charlas cultas, de citas memorables, de anécdotas entre
escritores, pintores, poetas, políticos, intelectuales, todas contadas de
primera mano. Los miércoles, en los talleres de Excélsior eran eso: puro
taller, cuasi lumpenaje, trabajo entre risotadas, albures, mentadas de madre, confesiones
y declaraciones que ahora ninguna pasaría los estándares de la corrección
política.
Mundano, elegante, seductor, culto, se decía de
izquierda, pero era difícil de creérselo viviendo en Tlalpan y vistiendo de
gazné. Parecía más bien un bon vivant, porque sobre todo René era un seductor.
A veces, cuando quería yo caer bien a alguien y al mismo tiempo dármelas de
culto y cool imitaba algunos gestos y fórmulas conversatorias de René. Muchas
veces funcionaron, algunas hasta las incorporé a mi manera de ser. No sé si aún
sobreviva alguna de esas técnicas “avilesianas” en mí. Ojalá y sí, hace mucho
que dejé de fijarlo en mi mente cuando pretendo ser encantador.
René me dio mi primera oportunidad para trabajar en un
medio formal.
Gracias a la complacencia de René para conmigo di el
salto de las revistas marginales, las calcomanías pirata y los diseños para
carteles de sonideros a insertarme en la prensa nacional. Nunca se quejó si por
coincidencias del trabajo terminaba prácticamente acaparando todo el suplemento;
al contrario, siempre me alentó para hacer cuanto pudiera: ilustración,
retrato, cómic, y a veces, por el hecho de estar presente en la formación del
suplemento los miércoles en el taller, si de repente había que llenar espacio,
Miguel Ángel me pedía echarme un tintazo para viñetear el hueco, René no decía
ni pío.
En el suplemento nos llevábamos pesado, y aunque en la
chacota oficialmente yo era un albañil de Neza rescatado por El Búho, René
siempre me ponderó como artista, siempre me invitó a su mesa y me invitó a su
casa; una vez incluso, mientras me enseñaba su biblioteca y su colección de
caricaturas me preguntó qué pensaba del suplemento, y como ya andábamos medio
pedones me sinceré. René escuchó en silencio, el lunes la broma era: "¡A este
cabrón lo invito a mi casa y nomás va a vituperarme!". Por un momento
creía que ya la había yo cagado, pero fuera de la carrilla de la que nadie se
escapaba, el trato de René hacia mí no solo fue más amable, sino también más
generoso.
Luego de que desapareciera El Búho como suplemento
dominical de Excélsior no volví a verlo.
Nunca le di las gracias.
Un día, por casualidad pasé por su Fundación, en la calle
de Yácatas. Se me ocurrió tocar, pregunté por René, y de pura chingadera él
estaba allí, esperaba a que vinieran por él para ir a no sé dónde, apenas tuvo
tiempo para darme un recorrido por el lugar y desde luego invitarme a hacer lo
que quisiera con el espacio.
Nos saludamos con mucho afecto, creo que lo noté contento
de verme y yo también lo estaba. Quedamos en que un día pasaría a verlo para
comer juntos o algo. Nunca fui.
Frecuentemente recibía notificaciones de sus homenajes y
reconocimientos, y me decía "ahora sí iré a saludar a René". Nunca
fui. Nunca le di las gracias.
Pinche René.
Voy a extrañar esa sobremesa que nunca tuvimos juntos, ya
sea por desidia o por el trabajo o por cualquier pretexto.
Pinche René. Gracias.
[Y le paro porque ya me ganó la lagrimita].
*Edgard Clement escribió estás líneas día siguiente de la
muerte de escritor René Avilés Favila. Clement es uno de los más
connotados creadores de comics en
México, autor de Operación Bolívar y Los Perros Salvajes entre otras obras.
Creció, vivió y aún hoy en día habita o medio radica por exigencias de su trabajo
en ciudad Nezahualcóyotl.
Edgar Clement* da gracias a René Avilés
Fabila
Murió René Avilés Fabila.
