Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Ahora que se
han “tranquilizado” los múltiples problemas en el país. Y a punto
estamos de ver aparecer el
arcoíris, sus colores nos invitan a
preguntarnos:
El por qué de “Las Meninas”.
Se pintó en 1656 por el maestro español Diego Velázquez, es su
composición más grande (3.21 metros de alto x 2.81 de ancho) y probablemente
una de las pinturas más representativas en la historia del arte.
Pero, ¿por qué se pintó?
A
simple vista se puede reconocer un juego de espejos en el que Velázquez se
incluye a sí mismo, a los reyes de España en un espejo y en el centro de la
pieza a la infanta Margarita Teresa, posterior emperatriz del Sacro Impero
Romano Germánico.
Más
allá del análisis estético de la obra, existe un trasfondo ideológico que
impulsa a ver la obra con una dimensión diferente. Según Michel Foucault y otros analistas de la obra,
Velázquez establece una agenda crítica y política ante la visión que se tenía
en su época sobre la pintura y el modo clásico de hacer un retrato.
Foucault
afirma que la obra es revolucionaria pues en contra de la representación
clásica, misma que debe de ser entendida simplemente como la representación
realista del entorno, según la percepción del artista hace un retrato que simplemente no podría
formar parte de su realidad.
La obra artística bajo el canon de la
representación clásica, no podría incluir al mismo tiempo, al artista, al
espectador y el objeto a representar. Sería incongruente.
Así, se puede ver que Velázquez hace un juego
de miradas entre el espectador y él.
El
sevillano, con su mirada genera un eco en el espectador, pues lo supone como
modelo. La perspectiva, evidentemente, no puede ser la del artista y tampoco la
del objeto central, sino la del espectador que observa delicadamente Velázquez
Sería la perspectiva de el rey Felipe IV y Mariana
de Austria? Osaría poner a la par de la pareja real a cualquier espectador?
Parece ser que no.
Debido al ángulo del espejo en relación con el
del espectador, es ópticamente imposible tener ese enfoque en el espejo, pues
se revelaría toda la escena, incluyendo a Velázquez y a las meninas de
espaldas.
Por consiguiente, lo que busca Velázquez es
ponerse a la par de los reyes con increíble sutileza para elevar la posición
social de la pintura y quizás, de sí mismo.
En aquélla época, la pintura aún peleaba por el
reconocimiento de Arte Liberal, cosa que no tenía nada que ver con ego, sino
con la búsqueda de una liberación fiscal y militar.
Velázquez, según la interpretación de George Kubler,
al ponerse en el mismo cuarto que el rey, hace una referencia a la idea, a la nobleza de la pintura por medio de la
asociación con los monarcas.
La precisión
estilística y el demandante juego de perspectivas aleja a la pintura de una clase de oficio y la
convierte en una persecución intelectual, que apunta al elitismo intelectual de las cortes
europeas en la época.
Es importante notar la aparición de José Nieto de Velázquez, el
hombre al fondo del cuadro “Las Meninas”. que ve la escena, parado en las escaleras, Sugiere que va de salida o de llegada.
Él es la
diferencia de todos los demás sujetos, tiene una visión completa de la escena,
Ve directo a los modelos de la obra o en la posición del espectador y, debido a
la altura de su posición, podría ver detrás del lienzo que Velázquez pinta –a
manera de espectador.
Nieto
competía con Velázquez por la posición de aposentador y Felipe
IV ya había inclinado la balanza por el sevillano. Parece ser que “la
sugerencia” es la manera que utilizó Velázquez para reafirmar el juicio de su
patrón.
Las
fuentes de iluminación juegan un papel importante, pues la luz para todos los
personajes es la misma, la que entra por la ventana, pero la que impregna a
Nieto es distinta. En cierto sentido, esto habla de una perspectiva sobre la
situación, tanto física como mental.
Concluiría
este trabajo con una experiencia propia:
Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
