Sin lugar a
dudas, el retorno del PRI a Los Pinos ha mareado a muchos presidentes
municipales y gobernadores en el país emanados de este mismo instituto
político.
Este “mareo”, por decirlo coloquialmente, significa que muchas de sus
viejas y desprestigiadas prácticas, con el triunfo por la presidencia de la
República, no sólo persisten, sino que se han agravado y algunos rasgos
positivos, por ejemplo, el novedoso eslogan de “te lo firmo y te lo cumplo” que
lanzó en su campaña, en el año 2005, el entonces candidato a gobernador por el
Estado de México, el licenciado Enrique Peña Nieto, y que durante su
administración respaldó con hechos, posteriormente ha sido copiado por otros
políticos del partido, pero, hoy día, más desprestigia que ayuda al PRI.
Por lo que
toca a los viejos vicios tan arraigados, al menos desde el observatorio más
directo que tengo a mi alcance, el Estado de México, en esa actitud se muestran
varios presidentes municipales emanados del tricolor: encabezan la lista Juan
José Medina, de La Paz; Andrés Aguirre Romero, de Chicoloapan, y le siguen los
alcaldes de Jilotepec, Toluca, San Salvador Atenco y otros más.
Todos tienen
como denominador común la negativa a reunirse con los dirigentes de Antorcha, o
bien, si lo hacen, difieren una y otra vez la asunción de compromisos
concretos; la letanía es la misma: “no hemos terminado los levantamientos
técnicos”; “no tenemos suficiente personal para evaluar sus demandas, puesto
que ustedes no son los únicos peticionarios” (aunque llevan más de medio año en
el cargo) y, cuando algunos consideran que ya se les agotó el catálogo de
pretextos, francamente disparan una tajante negativa, con el argumento de que
“no hay dinero”, y otros, más cínicamente aún, arguyen que tienen instrucciones
“de arriba” para no darle ni agua a los antorchistas.
Ningún
argumento, así sea el más racional y el más urgente y sentido por las
comunidades (que hace apenas un año visitaban y cortejaban con promesas a manos
llenas, en eventos de campaña donde se tomaban la foto y firmaban compromisos
frente a la gente y ante notario público), logra conmoverlos, mucho menos
sonrojarlos; pareciera que además de amnesia, en este año que ha transcurrido,
se ha operado en ellos una curiosa transformación, de aquel hombre humanista y solidario
cuando era sólo candidato, al hombre insensible, arrogante y autista, ahora que
ya es el “señor presidente municipal”. Como dijera el clásico, “no los reconoce
ni la madre que los parió”.
Nada de
esto es casual ni sorprendente. Y esto es así, por cuatro razones
fundamentales: primera, porque a muchos de ellos aún “no les cae el veinte”,
como suele decirse, de que no ganaron por ellos, sino porque el candidato
presidencial es del Estado de México y ello arrastró al electorado, efecto que,
por cierto, nada garantiza para el año 2015, simplemente porque el poder
desgasta; segunda, porque en su pragmatismo y engolosinamiento, muchos de estos
funcionarios no se conducen con base en principios ni ideales, sino con el más
ramplón pragmatismo, de gozar el momento de las mieles del poder político, que
muy temporalmente ostentan y que también les ofrece una oportunidad de oro para
adquirir poder económico. Tercera y muy ligada con la razón anterior, porque
salvo honrosísimas excepciones, en el PRI no hay mística de partido, no hay
ideales que coloquen los intereses colectivos, los intereses superiores del
pueblo y de la patria, por encima de los mezquinos intereses individuales, de
modo que el lema “Democracia y Justicia Social”, muchos de
esos
politiquillos ni lo entienden y menos lo aplican, problema que, por cierto, no
sólo es culpa de dichos personajes, sino una grave deficiencia histórica y de
las dirigencias estatales y nacionales.
La cuarta
razón, no menos importante, se explica por la impostura que esos mismos
políticos locales observan en los dirigentes y funcionarios estatales de primer
nivel. En efecto, si esos alcaldes se percatan de que los acuerdos que firmó en
campaña el hoy titular del Ejecutivo en el Estado de México, por ejemplo, los
beneficios sociales que se ofertaron en aquella tarjeta denominada “La
Efectiva” y muchos otros más, entre los cuales se cuentan los acuerdos de obras
y servicios que se contrajeron con Antorcha, luego entonces, con mucha mayor
razón los presidentes municipales se pitorrean de los compromisos que ellos
hicieron con sus electores. Y si además se percatan de que a los antorchistas
no sólo se nos bloquean nuestras demandas, sino que el propio gobierno estatal
arremete un día sí y otro también con eventos represivos y violentos, donde ha
habido seis muertos y decenas de heridos, ¿qué mensajes se les manda a los
alcaldes respecto a su trato con Antorcha? Ni modo que los cangrejitos hijos
caminen derecho cuando miran que la mamá cangreja camina chueco.
Finalmente,
asevero que el modo de actuar de los alcaldes y, sobre todo, del gobierno
estatal, es del todo equivocado y, relativamente pronto, en las próximas
elecciones, veremos las consecuencias. Y entenderlo resulta muy sencillo. En
primer lugar, este maltrato y mal gobierno (que se aplica contra Antorcha, más
agudamente, pero que ocurre con toda la ciudadanía mexiquense), por supuesto
que producirá reacciones en contra del tricolor, mismas que se reflejarán en
las urnas como hoy lo miramos en estados de la República donde gobierna el PRI,
por ejemplo Aguascalientes, Tlaxcala, Coahuila y Tamaulipas que, pese a la
división que impera en el PAN, este partido ganó ciudades muy importantes. Y,
nos guste o no, el nuevo partido de López Obrador, en el año 2015, seguramente
conquistará plazas relevantes.
Ahora bien,
y esos alcaldes y el mismo gobierno estatal, ¿creen que nuestra gente, los
antorchistas de base, se presentarán a votar por nuestro partido pese a que sus
gobernantes se olvidan de sus compromisos, nos agreden y, encima de ello, nos
echan a ciertos medios de comunicación para calumniarnos? Ello no se garantiza
ni aunque los dirigentes nos desgañitamos convocándolos a hacerlo, puesto que
nuestra gente es noble, sí, pero también piensa, también siente, tiene
dignidad, tiene su propio cerebro y, en última instancia, tiene la libertad de
tomar su propia decisión en el momento en que esté sola ante la urna. Por eso,
quienes agravian así a Antorcha, la organización más leal al PRI, se dan un
tiro en el pie. Al tiempo.

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