•Sólo cinco de los 15 que
están activos en el país cuentan con un mapa que permite detectar riesgos para
la población.
* El del Popocatepetl es el
mas utilizado, pero ya hay que actualizarlo
Amecameca, estado de México a
20 de marzo de 2017.- En México, sólo cinco de los 15 volcanes considerados
activos cuentan con mapas de peligro y riesgo, por lo que es urgente trabajar
en el desarrollo de estos instrumentos de prevención de desastres, señaló Hugo
Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
En la charla “Evaluación y Comunicación de
Peligros Volcánicos”, como parte del Seminario de Vulcanología, precisó que
“fuera de los que están en erupción, todos los demás están dormidos y no
sabemos cuál es el que sigue o que se reactivará en el futuro próximo. En ese
sentido, todos urgen”.
El miembro de la Sociedad
Geológica de América explicó que en este momento está de “moda” elaborar mapas
de riesgo, pero en realidad hace falta el paso anterior: evaluar la
peligrosidad de los colosos, es decir, la probabilidad de distribución en
espacio y tiempo de los productos de los volcanes.
“Si hago el mapa de peligros
inmediatamente entiendo cómo se distribuirán los productos (volcánicos) y eso
nos da una estimación del riesgo”. Una vez elaborado el primero es necesario
traducir esta información para desarrollar un mapa de riesgo, que sea
comprensible por los tomadores de decisiones y los pobladores, expuso el
investigador.
Actualmente se cuenta con los
mapas del Popocatépetl, del de Colima, del Chichón y el Tacaná, y es necesario
actualizar el del Pico de Orizaba, pues fue elaborado hace tiempo y su área de
influencia es amplia. Se está elaborando el del Ceboruco, en Nayarit, y faltan
para colosos como el de San Martín, Veracruz; Cerro Prieto, Baja California; y
San Andrés, Michoacán, entre otros.
Hasta hace poco se tenía la
idea de que era necesario elaborar este tipo de instrumentos sólo de los
volcanes en erupción, pero la experiencia indica que se debe considerar a
aquellos que no han tenido actividad eruptiva en los últimos 10 mil años (clasificados
como activos), pues podrían hacer erupción en cualquier momento.
Ésta es una labor que requiere
de dos a cinco años por cada volcán, dependiendo de su tamaño. Para elaborar
los mapas, detalló, es necesario conocer la edad de las erupciones y reconocer
la fecha en la que ocurrió determinado evento; de acuerdo a sus
características, se precisa financiamiento para fecharlo por diversos métodos
científicos, como carbono 14 o argón-argón.
Sobre el uso de estos
instrumentos, el también miembro de la Asociación Internacional de Vulcanología
y Química del Interior de la Tierra comentó que el mapa de peligro del
Popocatépetl es el más utilizado por la gran cantidad de estados que podrían
verse afectados a causa de una erupción.
Finalmente, comentó que es necesario
considerar que estos instrumentos son útiles también para la planeación
territorial, pues con ellos los municipios podrían definir áreas donde es
posible o no construir edificios.
